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Tratamientos

Los medicamentos que disponemos en la actualidad alivian los síntomas de la enfermedad, pero no son curativos ni evitan su progresión. La enfermedad de Parkinson se caracteriza por ser un trastorno que no sigue un patrón evolutivo típico, de forma que no todos los pacientes afectados por ella experimentan los mismos síntomas en el mismo momento de su evolución ni de la misma manera. Por este motivo el tratamiento debe ser individualizado, y no a todos les beneficia el mismo tratamiento.

Por eso es importante la comunicación con el neurólogo, explicar bien los síntomas, la duración y momento en el que se modifican o avanzan, así como un seguimiento de los posibles efectos de la medicación. Atender a las explicaciones médicas y seguir sus pautas harán posible un ajuste de la medicación de forma que se alcance el objetivo principal que es mejorar la calidad de vida a través de un mejoramiento de la funcionalidad de los afectados  por la enfermedad de Parkinson.
Disponemos de una serie de fármacos cuya lista va ampliándose con las nuevas investigaciones. Aún así, cuando para una enfermedad existe un abanico amplio de medicamentos es porque ninguno de ellos es totalmente eficaz.
Al manejo farmacológico se han incorporado más recientemente algunas técnicas quirúrgicas, trasplantes celulares y terapia genética, aún en fase de investigación. También existen terapias rehabilitadoras que ayudan a mejorar en algunos aspectos. Principalmente, proporcionan una combinación perfecta al tratamiento farmacológico para enlentecer la progresión de los síntomas y emplear técnicas que ayudan a enfrentarse y adaptarse a los problemas diarios causados por los mismos.