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Fisioterapia

La fisioterapia contribuye  a la consecución de una movilidad más cómoda y fácil en la actividad diaria. Trata de enseñar al paciente pautas posturales y de movimiento que se adapten a su movilidad reducida, logrando así mayor independencia.

A través de la fisioterapia podemos mejorar:

La motricidad: es el movimiento de las distintas articulaciones. La fisioterapia disminuye la rigidez y aumenta la flexibilidad.

Plasticidad neuronal: formación de nuevas y mejores conexiones neurológicas, las cuales pueden ayudar a controlar el movimiento.

Perfección del control motor: mejora la forma de ejecutar el movimiento mediante ejercicios.

Aporte de endorfinas naturales: la realización de ejercicios terapéuticos en grupo hace que la autoestima suba y con ello aumenta su estado de ánimo.

La memoria: Ejercita la memoria debido al esfuerzo por recordar los ejercicios.

La capacidad funcional en global: Mejorando así su vida en general, ayudando a su independencia física.

Para conseguir todas estas mejoras los fisioterapeutas disponen de:

Terapias de movimiento: Ayuda a aumentar la elasticidad y flexibilizar el músculo, previniendo así las retracciones causantes de deformaciones; también estimula la circulación sanguínea, mejorando así la atrofia muscular.

Masajes: Crea una dilatación de los vasos sanguíneos, favoreciendo la nutrición celular, ayudando así a disminuir la tensión muscular y la ansiedad. También podemos conseguir una disminución de la rigidez, aliviar los problemas circulatorios menores (varices, edemas, etc.) y los problemas linfáticos (piernas hinchadas…)

Hidroterapia: Provoca un gran efecto relajante y con ello disminuye la rigidez, mejorando la amplitud muscular. En el agua se trabaja más fácilmente algunos movimientos debido a su leve ingravidez.

Antes de cualquier práctica de fisioterapia, ya sea en grupo o de forma individual, es conveniente que los ejercicios se desarrollen de la forma siguiente:

▪ Con lentitud, de forma progresiva y rítmica.

▪ A diario y en los momentos de on.

▪ Introducir pausas para evitar la fatiga.

▪ Si el paciente sufre de poca estabilidad o riegos de caídas, los ejercicios deben realizarse bajo la vigilancia de otra persona.

▪ Antes de empezar el ejercicio debemos tener en cuenta la postura correcta, evitando la postura cifótica propia de los enfermos de Parkinson (encorvada hacia delante).

Pautas para el bienestar de los familiares o cuidadores

▪ Para ayudar a levantar al paciente, el cuidador debe tener la espalda recta y flexionar las rodillas (la fuerza ha de realizarse con las piernas), pidiéndole al afectado que ayude en la medida de lo posible como, por ejemplo, decirle que ponga “las piernas fuertes”. Para sentar al paciente habría que seguir los pasos anteriores de forma inversa.

▪ Corregir la postura del paciente con paciencia y delicadeza si vemos que el paciente se inclina hacia uno de sus lados. El paciente lo puede evitar colocándose delante de un espejo.

▪ Cuando andemos con el paciente no debemos tirar de él, puesto que podemos provocarle una caída. Andaremos más lentos, a su ritmo. Le podremos decir que alargue el paso. En caso de bloqueo realizaremos la técnica PEPE (Pararse, Enderezarse, Proseguir la marcha) o intentar que el paciente levante las piernas hasta que el afectado pueda iniciar la marcha, en estos casos con ayuda del familiar. Nunca debemos echar el peso del paciente hacia delante puesto que puede conllevar a una caída.

▪ En una caída los pasos que debe seguir el paciente son los siguientes:

1. Siempre que sea posible pedirle que se ponga a gatas.

2. Intentar gatear hasta un sillón o silla bien sujeta (que no se deslice).

3. Sujetarse a dicha silla o sillón.

4. Levantarse primero con un pie y luego con el otro.

El cuidador debe levantar al paciente con ayuda y utilizando las piernas, más que la espalda, aplicando las técnicas anteriores.